Génesis, Realización y Concreción del Carisma fundante en Librada Orozco Santa Cruz, Venerable Sierva de Dios. Nacido de la Devoción a María Santísima invocada como Refugio de los Pecadores.

por +Luis Rottini O. Cisterciense


Introducción

Deseo introducirme en la reflexión sobre el tema enunciado respecto al Carisma fundante de la Venerable Sierva de Dios Madre María Librada Orozco Santa Cruz, con dos breves textos iluminadores que nos servirán como líneas maestras para esta exposición.

libradita-ovalEl primer texto está tomado del Instrumentum Laboris preparado como base de las discusiones y las reflexiones del Sínodo de los Obispos sobre la Vida Consagrada. Dice así:

“La Vida Consagrada es signo profético cuando hace presente y visible el primado del amor de Dios y lo testimonia, gracias al carisma particular de los diversos institutos, vivido con el corazón compasivo y el espíritu misericordioso de los fundadores (en nuestro caso de la fundadora) al servicio de los pobres y de los abandonados, de las víctimas de la violencia y de la injusticia, de los nuevos pobres que dan al panorama de la sociedad un tinte de tristeza, [1] con la sensibilidad los derechos humanos y la causa justa de la promoción de hombre”. (No. 64).

El otro texto está tomado de San Ambrosio, y lo considero como una plegaria que todos juntos elevamos a Aquella que por encima de todos es perfectísimo modelo y ejemplo para los consagrados, María Santísima. Dice San Ambrosio:

“Nuestra fiebre es la avaricia; nuestra fiebre es la concupiscencia; nuestra fiebre es la lujuria; nuestra fiebre es la ambición; nuestra fiebre es la ira. Esto es, el pecado es la fiebre que mata el espíritu. Pero aunque suframos calenturas o estemos muertos por la fiebre espiritual, no debemos desanimarnos, porque encontramos amparo y salvación en la misericordia deMaría Santísima que es el Refugio de los pecadores”. [2]

He analizado y presento ahora las motivaciones profundas, las intuiciones que determinaron a la Madre Librada Orozco a poner su naciente Institución Religiosa bajo la tutela de la Santísima Virgen, invocada como Refugio de los Pecadores. Esto ha sido para mí una fuente y un motivo de preocupación, pero después de una gran alegría. Preocupación porque me parecía un pecado de presunción el pretender indagar –a través de los escritos y de las actas del proceso canónico de la Venerable Sierva de Dios- una realidades que me superaban y que iban más allá de mis capacidades y posibilidades. Pretender, de hecho, interrogar el corazón, el alma, los sentimientos de una criatura y descubrir de dónde ha surgido el carisma, en qué momento ha brotado en el corazón de la Venerable Sierva de Dios, que a través de este don interior ha plasmado su obra… todo esto me parecía muy aventurado y muy delicado. Corría el riesgo –yo, un monje, no habituado a conducir ni a dirigir las almas por el camino de la perfección sino a través de mi vida de oración y en ascesis en un monasterio cisterciense (de hecho es propio del fraile hablar a los hombres de Dios mientras que es propio del monje hablar a Dios de los hombres)- corría el riesgo, digo, de entrometerme en una realidad desconocida y que está reservada a los grandes directores espirituales y a los conocedores de las obras de Dios en las conciencias.

Pero la insistencia constante, como aquella usada en el Evangelio por la viuda inoportuna, de la madre Rosalía Covarrubias, que conoce más que nadie hasta el mínimo detalle todo lo que concierne a la vida, la obra y el pensamiento de la sierva de Dios, me ha vencido y convencido para entrar en sintonía con la gigantesca personalidad y santidad de Librada Orozco Santa Cruz, encerrada en una pequeña mujer, tan tenaz y fuerte, como frágil y delicada en el cuerpo.

La entrada en este Castillo Interior –así lo habría llamado la gran mística española Teresa de Ávila- que es el alma tomada, conquistada y poseída por el amor abrasador de Dios, ha estado precedida por un gesto que ya realizó Moisés, aunque para mí fue instintivo, natural y necesario: aquel de quitarme las sandalias, es decir, despojarme de mi condición pecadora [3] y mi falta de fe de que no sabe ir más allá del dato que se percibe, constatable, experimentable: ¡el lugar que comenzaba a pisar era sagrado! Así, me despojé de mis ideas, de mis prejuicios, de mis seguridades, y revestido sólo del deseo de alcanzar y entrar en la cámara nupcial donde Dios entabla su diálogo íntimo con el alma elegida, me fue concedido no ver ni comprender, pero sí intuir qué sucedió en el alma de la madre Libradita cuando el Espíritu Santo derramó en su corazón el don, el carisma, la unción que habría sugerido la elección, la decisión, el estilo de actividad de la Fundadora y se convertiría en la peculiaridad, la identidad del Instituto fundado por ella.

Al dejar [4] esta inmerecida hospitalidad en el espíritu y el corazón de la Madre Libradita, llevé conmigo un gran gozo, una íntima y profunda alegría por haber comprendido qué produce el paso de Dios en un alma abierta, receptiva y humilde como aquella de madre Orozco, y cómo Dios –artífice de toda obra que edifica la Iglesia por medio de la criatura- pueda realizar todo esto ahí donde encentra un corazón que late al unísono con el corazón de la Virgen María.

Debemos ahora, después de esta obligada introducción, detenernos más para comprender…


El Carisma de la Venerable Sierva de Dios.

Etimológicamente, el término “carisma” es un vocablo que con la raíz “car” indica el objeto y el resultado de la gracia divina (caris), cualquier cosa que produce bienestar, un regalo hecho por Dios a los creyentes de todo tipo y condición. Es ciertamente San Pablo quien introduce el uso de esta palabra para indicar todos aquellos fenómenos y manifestaciones expresas de la fe de los creyentes en el Espíritu Santo. Los conceptos bíblicos que se refieren al término “Refugio” presentes en el Antiguo testamento son indispensables para la comprensión de la espiritualidad del término en cuanto que si en el Antiguo Testamento su valor místico estaba aún oculto, en el Nuevo testamento viene plenamente manifestado y realizado a través del carisma, dado a la Madre Librada.

El carisma o los carismas son dones sobrenaturales concedidos por la amorosa liberalidad de Dios. Son una operación especial del Espíritu Santo que se superpone e interacciona con las aptitudes naturales del hombre y habilita al cristiano para colaborar a la salvación del mundo según una especial vocación. No se puede provocar o forzar desde uno mismo, ni siquiera preverlos u obtenerlos mediante los Sacramentos o los ministerios jerárquicos. Son dones transmitidos únicamente por el Espíritu Santo y destinados a todo el pueblo bautizado y creyente, después de la Resurrección y Ascensión de Jesucristo al cielo, a fin de que todos puedan alcanzar plenamente su naturaleza y su madurez. En grado sumo podemos atribuir a la madre Libradita el carisma de fundadora. La expresión nace poco después del Concilio Vaticano II. Pablo VI usa por vez primera esta terminología dirigiéndose a los religiosos monfortianos el 31 de marzo de 1969, y la inaugura en un documento oficial tan importante como la Exhortación Apostólica “Evangelica Testificatio” (No. 11) de 1971. Ese carisma de los fundadores es un signo dado para servir a la entera comunidad eclesial, más que para santificar a la persona que lo recibe (LG 44; 46). Este don produce determinadas capacidades aptas para generar una nueva vida consagrada en la Iglesia. Este don transforma a la persona preparándola para una particular vocación y misión en la Iglesia; por tanto es colectivo-comunitario por el hecho de que implica más personas para realizar históricamente el mismo proyecto divino y, por fin, es eclesial, porque a través del fundador y su comunidad se ofrece a dota la Iglesia para su edificación dinámica. [5]

El carisma de la fundadora es intransferible, porque corresponde solo a la fundadora abrir camino a esta iniciativa en la historia, sólo a ella le corresponde el hecho de engendrar a sus discípulas a un nuevo y particular estilo de vida espiritual. Es transmisible, sin embargo, a la comunidad de sus discípulas sólo por relación a la asimilación e interiorización del espíritu de la fundadora que permite a la comunidad misma el vivir, desarrollar y llevar a continuo cumplimiento el proyecto y el contenido de la original experiencia fundante que ha hecho surgir en el tejido eclesial…

… Libradita y Susanita de la Fuente se dirigió con el R.P. Fray Teófilo García Sancho ofm para exponerle su proyecto de fundación, el cual las dirige con el R. P. Fray Pascual Antonio Avelar López:

“Quien al escucharlas y viendo el entusiasmo de las damas, les dijo que sí las ayudaba, que hablaría con el Sr. Arzobispo sobre el proyecto y que contaran con él para esa obra” [6].

De esta noticia histórica se deduce que el Padre Avelar, sin ninguna duda o incertidumbre, tuvo un papel solo de ayuda, de apoyo, de consejero; fue un director espiritual, un brazo de apoyo y seguridad. El carisma fue dado única y exclusivamente a la madre Librada. Los demás participaron, compartieron, hicieron propio el carisma de la Fundadora, la ayudaron ya espiritualmente, ya económicamente, ya moralmente…

La Madre Orozco fue elegida por Dios para que encarnase el carisma del amor focalizado en sentir compasión por las muchachas expuestas o caídas en el error moral, y en el deseo de ayudarlas a redimirse. Encontrando en su compasión un “refugio”, ella, y sólo ella descubrió el tesoro escondido del cual se hace alusión en el Evangelio y para entrar en posesión de él vende todo y lo hace suyo. Ella y sólo ella, encuentra la perla preciosa y para tenerla vende todo y la compra. Los demás se enriquecieron de su riqueza y se beneficiaron de ella en el orden espiritual.

 

Puestas las premisas teológicas referentes al carisma y al carisma de la fundadora, deberemos aplicar todo lo dicho a la motivación de nuestra reflexión, es decir: ¿Cuándo comienza, cobra Vida en la Madre Librada el carisma? ¿Qué lo ha provocado? ¿Cómo lo vive? ¿Por qué llama a su naciente Congregación de Nuestra Señora del Refugio?

 

Las respuestas a cada una de estas preguntas implica una breve exposición de un “modus vivendi” que podríamos llamar el humus sociológico cuyo rechazo ha provocado en el corazón de la Venerable Sierva de Dios una chispa que el Espíritu Santo alimentará con el carisma. Este “modus vivendi” de la sociedad del tiempo de la madre Librada, aunque bastante disminuido, no acaba de morir en nuestros días a causa de la fácil tentación de juzgar, de querer resolver el problema atribuyendo solo a la mujer toda la responsabilidad. Se está hablando de la actitud que muchos han tenido y tienen todavía frente a las mujeres y jóvenes que han incurrido en error de perder, antes del matrimonio, su integridad físico-sexual y como consecuencia hayan venido a ser expuestas al desprecio público o hayan sido conducidas a un estilo de vida semejante al de la pecadora del Evangelio.

La sierva de Dios precediendo en un siglo a la famosa encíclica “Murielis Dignitatem”, animada del amor y del respeto hacia aquellas mujeres o muchachas que había, o con el engaño o con la violencia, perdido el honor, se entregó a servirlas, a ayudarlas y a amarlas. Así, yendo más allá de la manera habitual de juzgar con una mentalidad exigente y falsa la así llamada cuestión de honor, supo oponerse a la tentación de estigmatizar a estas mujeres. Estas criaturas, muchas de ellas inocentes, eran rechazadas y expuestas al desprecio público no solo por la sociedad hipócrita, sino también por su propia familia. Ella sola, la madre Librada, en nombre de la misericordia de la que su corazón estaba lleno y en virtud del carisma recibido, en medio de una sociedad contemporánea que se declaraba cristiana pero no estaba abierta a la sensibilidad del perdón y a la recuperación de la dignidad de la mujer, supo vivir, con su abierta y moderna comprensión y solidaridad, el mandato divino de condenar el pecado y perdonar al pecador. [7]

En el primer documento de 1889, del 14 de febrero, conservado en el archivo general de la Congregación, que contiene la petición de la sierva de Dios con la cual solicitaba al arzobispo de Guadalajara, Dr. Don Pedro Loza y Pardavé que le concediera el permiso para empezar su obra de recuperación de las muchachas y mujeres necesitadas de asistencia moral, es bien evidente el carisma y el anhelo de realizar su vocación; está presente, además, el deseo de consagrarse totalmente a Dios y de dedicarse al servicio de las almas mediante la catequesis a las muchachas y de poder ofrecer su ayuda y su apoyo para la recuperación de la moralidad de las personas que han tenido la desgracia de no haberla vivido bien, hay que notar la gran delicadeza de la Sierva de Dios en el uso de la expresión para indicar el segundo medio elegido por ella para la recuperación de la dignidad de la mujer caída: ayudarla y sostenerla para que, habiendo tenido la desgracia de no haber vivido bien su feminidad, pueda recuperar plenamente su dignidad. No sé cuáles habrán sido las reacciones de los “bienpensantes” y de las personas así llamadas “practicantes” de tiempo frente a semejante elección de la madre Librada, actividad desarrollada por una señorita de buena familia, honrada y respetable… quizás indiferencia, quizás negarse a quererse inmiscuir en una problemática tan delicada ¿Cuáles habrán sido las reacciones de parte del clero, del mundo religioso, de la comunidad eclesial? ¿Interés, respeto, ironía? Quizá la madre habrá sentido sobre sí las actitudes que fueron ya vividas por aquellos que en la parábola del Buen Samaritano pasaban cerca del viajero que es abandonado medio muerto al borde del camino.


¿Cuándo comenzó este carisma?

El buen SamaritanoUna nota histórica nos lo revela y nos da la respuesta: “El primer encuentro que ayudó a la madre Libradita del Sagrado Corazón de Jesús a conocer la voluntad de Dios de modo definitivo en su vida, ha sido la desgracia de una joven que había fracasado en su vida al perder su honra y que la conmovió profundamente haciéndola buscar el modo de ayudarla, realidad que, al mismo tiempo, la puso en el lugar donde llevaría a cabo su vocación, aquella que la hizo grande a los ojos de Dios y de los hombres”. Hemos ido descubriendo en pocas líneas el nacer, el desarrollo y el concretarse del carisma. Es el momento más íntimo, más sagrado de la percepción de la vocación que la llevará muy lejos, frente a aquellas criaturas que más que nadie necesitaban de la confirmación del perdón de parte de Dios y de la certeza de que Dios no las abandonaba al destino, en vez de desentenderse rápidamente como hacía la sociedad de su tiempo.

El núcleo vital del carisma se resume en estas pocas palabras: conocer la voluntad de Dios de modo definitivo: encontrar refugio para aquellas personas que se encontraban sin una ayuda.

Es la llamada, la pregunta, el interrogante que empeña a la madre Librada y la vuelve atenta, reflexiva, vigilante como los centinelas deseosos –durante la vela nocturna- de ver surgir pronto el alba y el sol. ¡Dios la escuchó!

Dios le responde a través de un hecho humano que no tiene nada de divino: le hace conocer una criatura necesitada de compasión. El tercer momento fundamenta es la profunda conmoción sentida por la madre Librada frente a aquella criatura, que sólo tenía [8] su error y su condición de abandono que la empuja a suplicar piedad. Es el momento del nacimiento externo del carisma, como la materialización del amor de Dios que. A través del corazón, las manos, la mente de la Sierva de Dios se vuelca sobre el corazón herido de aquella que había sido asaltada por los ladrones y la habían abandonado exánime al borde del camino. El cuarto momento es realizado cuando la madre lleva a un lugar donde la asistirá y le ofrecerá los cuidados adecuados a través del amor acogedor.

No sé si están de acuerdo sobre este importante aspecto: la madre Librada –sin saberlo- estaba repitiendo, renovando volviendo a recorrer a través de las diversas etapas de la pregunta a Dios, de la respuesta recibida de Dios y por medio de la joven pecadora que se había presentado un día delante de su corazón y de su sensibilidad, estaba repitiendo, digo, la sublime página evangélica del Buen Samaritano. Dios le hacía realiza, en aquel momento, la parábola un día narrada por su Hijo Jesucristo para que aprendiera a amar, caminando por el camino de la vida. Esta parábola es la imagen bíblica más bella respecto a la compasión divina hacia el que ha caído en el pecado o en el error. Madre Librada es el Buen Samaritano, es el prójimo atento al que yace en el error. Ella vive y experimenta en sí los sentimientos de Dios y aquellos del Buen Samaritano, propuesto por Jesús como inseparable modelo de vida de piedad

¡Ve y haz tú lo mismo!

Este carisma puede ser comprendido sólo comparándolo con los sentimientos que tuvo el Buen Samaritano “tuvo compasión”. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el corazón de este hombre viandante y desconocido que Jesús pone como perfecta imagen del Padre que tiene piedad del desamparado, es el corazón de la Sierva de Dios Madre Libradita. Ella, de hecho, acoge, cuida, alivia las heridas morales y psicológicas de tantas jóvenes que después de haber sido engañadas y humilladas en su feminidad y dignidad más sagradas, eran abandonadas a su suerte “al borde del camino”, desamparadas por sus propios padres. Librada Orozco es entonces la que, como ya hemos dicho, precediendo de modo profético las enseñanzas de la Iglesia sobre el respeto y la dignidad de la mujer, vuelve a hacer caer sobre la misma mujer, hecha objeto de placer y desahogo de los más bajos instintos por estar privados de amor verdadero. Dejar caer sobre ellas la compasión, el respeto, la misericordia y el perdón de Dios. Es ella la que vuelve el aceite de la piedad y de la compasión sobre el corazón herido, quizás desesperado de la muchacha, de la mujer que desea ser entendida, comprendida, que quiere volver a levantarse, recuperar su dignidad, pero que nadie considera, sino más bien esquiva y desprecia. Verdaderamente, Librada Orozco supo encarnar, mediante el carisma y por inspiración divina el mandamiento del amor y de la compasión y llegar a ser “prójimo” de aquellas que, más que faltar, venían o vienen a ser seducidas, atrapadas por la maldad, por la pasión siempre al acecho como un ladrón, en el corazón del hombre, sobre todo cuando considera a la mujer no como su igual, sino como simple objeto de placer.

Aquel, “ve y haz tú lo mismo” de Jesús no cae en el vacío. Librada lo acoge, lo hace suyo y, sobre esta intuición profundamente evangélica, construye su Congregación, encontrando en María Santísima, invocada con el dulcísimo nombre de Refugio de los Pecadores, la maestra, la compañera, la animadora y la consejera de su vocación. No es sólo una invocación piadosa, por tanto, el apelativo dedicado a María como Refugio de los Pecadores, sino modelo ejemplar para ella y para la espiritualidad de su naciente congregación.

Se puede apreciar la verdad de las palabras del Prefacio VIII referidas a Cristo, si se escucha y consideran [9] mirando la obra de la Sierva de Dios sobre las criaturas que fueron asaltadas por la maldad del hombre:

 

“En su vida mortal Él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el mal. También hoy, como Buen Samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”.

 

Hoy, las hijas de la Madre Libradita, numerosas y operantes en el campo de la prevención de la juventud, vuelven a recorrer y repiten, con nuevos métodos y nuevas experiencias educativas, siempre con la impronta del Carisma de la Madre Librada, el misterio escondido del Buen Samaritano, personaje inventado por Jesús para demostrar a qué amor nos llama el Padre, y traducen esta enseñanza en gestos que fueron ya de su Fundadora, a través de los cuales se transparenta todo el amor de Dios, rico en misericordia con aquellos que yerran. En la medida en que hagan continuamente referencia al carisma de la fundadora y que lo revivan, experimentarán los sentimientos de la Madre, recibirán unción y fuerza para llevar a término aquello que el Espíritu Santo ha grabado con mano divina en el proyecto intuido por la Madre Fundadora.

La Virgen Refugio de los Pecadores, invocada y venerada en el cuadro hecho pintar expresamente por la Fundadora y que tanto amaba, y hacia el cual volvía tantas veces los ojos para encontrar “aquellos de la Virgen llenos de misericordia”, que ella, la Virgen Refugio de los Pecadores prepare el alma de las hijas de la Fundadora, la plasme y la predisponga para que Dios, ahora, a través de ellas cumpla también grandes obras por el bien de la juventud.

No debe haber sido difícil, para la Sierva de Dios, intuir la profunda unión que existía entre Aquella que invocaba como Refugio de los Pecadores, entre el deseo que sentía crecer en su corazón de ayudar a las muchachas necesitadas y el hecho de concretar cuanto había descubierto dentro de sí. Dios ha demostrado otra vez que tiene gran imaginación. De hecho ha podido hacer de una invocación, de un carisma y de una simple y humilde criatura, una gran santa, una fundadora, perfecto modelo del corazón de Cristo compasivo y misericordioso: la Venerable Sierva de Dios María Librada del Sagrado Corazón de Jesús Orozco Santa Cruz.

 

+Luis Rottini O. Cisterciense

Traducción por el P. José Noriega


 

[1] Textual: “que vuelven triste el panorama de la sociedad” (Nota del traductor)
[2] Cita de la Enciclopedia Mariana, vol II, casa de Favero, Vicenza 1936, 1005
[3] Textual: “pecabilidad” (N. del T.)
[4] Textual: “Salido de esta inmerecida…” (N. del T.)
[5] Cfr. Carisma en Dizionario teologico della vita consacrata, De A’ncora, Milano 1974, pag. 178.
[6] Positio super vita en virtutibus, vol. II
[7] Textual: “condena para el pecado y perdón para el que peca” (N. del T.)
[8] Textual: “rica solo de su error…” (N. De T.)
[9] Conservando el sentido hemos dado a esta frase una forma más literaria (N. de T.)

 

Nos hemos consagrado a Cristo
CEM Visita Casa Hogar Franciscanas del Refugio

Oración para obtener gracias del Señor mediante la intercesión de la Venerable Sierva de Dios Ma. Librada del Sagrado Corazón de Jesús, Orozco Santacruz.

Padre Celestial, que te dignaste llamar a la Vida Religiosa a la Venerable Sierva de Dios María Librada, dotándola en forma especial de la vida de Cristo tu Hijo; y le concediste la luz del Espíritu Santo para difundir el Carisma de la Compasión y Misericordia hacia todos los pobres y necesitados y le inspiraste la fundación de una Familia Religiosa en tu Iglesia; te rogamos con fe, que lleves a feliz término la causa de Beatificación y Canonización de la Venerable Sierva de Dios María Librada. 

Por intercesión de ella te pedimos…    (Se pide la gracia que se desea por intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Librada) 

Para mayor gloria tuya, alabanza de la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Refugio y provecho de tu Iglesia. Te lo pedimos por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén. 

Padre Nuestro… Ave María y Gloria

Con Licencia Eclesiástica. Puede imprimirse aquí PDF

Cualquier favor o milagro comunicarlo de inmediato a la Hna. María Guadalupe León López, promotora General de la Causa de Beatificación, o a cualquiera de las hermanas de la Congregación.

E-mail. contacto@franciscanasdelrefugio.org | Cel. 33 16 08 36 78 | Tel. (33) 36 33 07 17

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